
De nuevo, como cada miércoles, has hecho que esboce una sonrisa que no cabía en mi cara.Al escuchar el sonido de mi móvil salí corriendo frenéticamente desde la cocina para abalanzarme sobre el móvil a dos manos y comprobar que, efectivamente, es tu número.Después cogí el inalámbrico y mis dedos marcaron de forma automática tu número, de memoria, sencillo y fácil. Apenas ha sonado el segundo tono y tu voz sale del auricular, como siempre, penetrante y firme preguntando. Sonrío.Sonrío abiertamente. No puedo evitarlo.Las palabras fluyen una detrás de otra, no quiero que ese ratito se acabe...Pero se acaba.Me queda el pequeño consuelo de que, no dentro de mucho, podré volver a hablar contigo, pero esta vez, mirándote a los ojos.