
Me asomo entre la frontera de mi piel y la de mi mente, y en ese hueco en el que se supone que deberían vagar los sentimientos... no encuentro nada. La soledad en sí, como diría Platón.
Aunque claro, de las cosas malas Platón no hablaba.
Quizás por eso nos cuesta tanto enfrentarnos a ellas...