
-Mi hermano y el abuelo se llevarían bien ¿no? Como a mi hermano le gustaba tanto eso de dar golpes con el martillo y el abuelo era herrero..
-Sí, la verdad es que el abuelo le sacaba una tabla, unos cuantos clavos, el martillo, y ale, a pegar martillazos.
-En fin...
-Un día a tu hermano le dejamos una tabla y un montón de clavos, y se hinchó a dar martillazos a la tabla y a clavarle clavos. La abuela le decía que parara, y entonces, el abuelo dijo que le dejaran dar todos los martillazos que quisiera, hasta que se hinchara...
Como si él supiera que al día siguiente se iba a morir..
No muy a menudo, pues tenía tres años entonces, pero de cuando en cuando, le recuerdo. Me pregunto si me ve desde aquel lugar en el que está, si está orgulloso de mí y si, quizás, con eso de que era tan sano, yo ahora comería más fruta.