Odio que los días se estiren como chicles y que la añoranza se haga la protagonista de mis noches.
Pero odio más aún ver películas de llorar y que no estés tú para abrazarme entre sonrisas de complicidad por tu parte y sollozos incesantes por la mía.
Tampoco soporto saber que estás malito y que yo no puedo cuidarte. No me gusta nada la idea de pensar que nos vamos a perder nuestra primera oportunidad de ver un castillo de fuegos artificiales, juntos, y ese beso que nos daríamos al final...