
Anabel se levantó temprano el día de Reyes, como buena niña, había dormido inquieta, pensando en todas esas cosas que la esperaban a la mañana siguiente.
Recorrió el pasillo y encontró los sofás llenos de regalos. Cogió todos aquellos que llevaban su nombre y los abrió, descubriendo unas cosas que le gustaban, otras que no tanto, y un par que no le decían nada.
A pesar de ser una niña ese día, Anabel tenía 17 años, y pensó por un momento en que los regalos son muy parecidos a las personas: unos, te enamoran; otros, te gustan y los conservas; y otros no te gustan nada, solo que en lugar de cambiarlos, no los incluyes en tu vida.
Creo que tú serías como ese regalo que te gusta mucho, que conservas y quien sabe si en futuro pueda llegar a enamorarme...